La elección del césped artificial como superficie para jugar el Mundial femenino de Canadá 2015 ha levantado polvareda entre las futbolistas y la FIFA. El máximo organismo del fútbol asegura, en contra de lo que dicen las jugadoras, que las prestaciones del terreno sintético son similares a las que ofrece el natural. La homologación de los campos de césped artificial sigue un proceso largo y estricto.

La FIFA convoca a fabricantes y laboratorios para poner a prueba los productos, en base al programa Quality Concept for Artificial Turf. El objetivo es certificar que las propiedades de los productos se adecuan a la resistencia de la superficie, a la jugabilidad y a la seguridad de los futbolistas para su uso en competiciones internacionales.

Un laboratorio español

Los laboratorios homologados por la FIFA para este cometido analizan parámetros biomecánicos. Someten el césped artificial a una máquina que simula un envejecimiento acelerado que corresponde al gasto de cinco años, comprueban su elasticidad, y ven si es resistente a las inclemencias meteorológicas. Después de esta primera fase de laboratorio, el estudio se traslada al campo de fútbol. Es aquí donde se valora la reacción de la pelota sobre el terreno (bote y deslizamiento), así como la seguridad para los jugadores (abrasión de la piel, rotación del pie, absorción del choque, deformación vertical).

Hay siete laboratorios en el mundo acreditados por la FIFA para la homologación de campos y uno es español. El Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) comparte esta tarea con Labosport (Francia), ISA-Sport (Holanda), ACOUSTO-Scan Pty Ltd (Australia), Sports Lab Ltd (Escocia), IST Consulting GMBH (Suiza) y Norges byggforskningsintitutt (Noruega). El IBV, no obstante, no ha participado en el proceso de estudio de los campos de Canadá 2015. Cada laboratorio trabaja para la zona geográfica que le pertenece.